Triste despedida
Estuve unos días fuera, trabajando, y disfrutando de personas que hacía tiempo que no veía. Dos años desde que me marché, y el destino, de nuevo, me llevó allí. La misma gente, el mismo lugar, y, sorprendentemente, era como si el tiempo no hubiera pasado jamás. Me aferré a ellos con toda la fuerza que pude, deseando detener el tiempo para siempre. Reí y reí como hacía tiempo que no hacía.
Subimos al tejado para ver desde allí la ciudad. Atardecía y quedaba una hora para que yo me marchara. Subimos té caliente y yo no sentía mis manos. Pero, por una vez en esa ciudad, el frío no importaba. Contemplé a mis amigos y empecé a echarles de menos desde ese mismo instante. Sacha sacaba fotos desde las alturas. Marco trepaba a una chimenea y nos saludaba a lo lejos. Amaya, aquél chico de los ojos grandes y yo, compartíamos té mientras hacíamos salir vaho de nuestras bocas. Joao y Antón se acababan de despedir de mi en la calle. Ya me quedaba un cachito de corazón menos. Lloré por dentro y me negué a volver. Aquella ciudad y cada recuerdo que guarda, me llama cada día, desde la rutina de Barcelona.
Pensé que esa vez no lloraría, pues estoy acostumbrada a las despedidas. Pero Sacha me abrazó. Son esos abrazos que te aprietan tan fuerte que te da la sensación que por un momento, tu cuerpo desaparece. Después fue Amaya y su sonrisa triste. Y el abrazo de Marco me rompió por dentro: "no dejemos pasar tanto tiempo la próxima vez.Dos años son demasiados"- me dijo. Y me deshice en un llanto silencioso que duró hasta mi destino. La taxista me miró y lo comprendió. Lágrimas silenciosas se deslizaban por mi cara. "Intentaremos que no pase tanto tiempo, Marco, hasta que nos volvamos a ver todos de nuevo. Pero hasta entonces, os echo de menos cada minuto y cada segundo de mi vida".




Comentarios sobre Triste despedida
je je
dasdsa
asd