Coincidencias
Estaba hablando de ti, (y eso que jamás hablo de ti, o por lo menos ya no en el último año), y de repente suena el teléfono. Respondo y oigo tu alegre voz. Me quedo sin habla y balbuceo tonterías. Hace más de dos años que no sé nada de ti. Tú apenas me entiendes, digo que en el bar hay mucho ruido, que no tengo cobertura. Tú dices que quizá es por la conferencia, que no se oye muy bien. Invento mil excusas más para no parecer nerviosa. Mi amiga, con la que compartía un café, me mira extrañada. La miro y le digo con los labios: "es él!".
Días después recuerdo a mi vieja amiga de Berlín y la extraño, pensando qué habrá sido de su vida. Días antes de irme, me hizo prometer que la escribiría. Pero no soy de cartas. Y los años pasan, la vida cambia. Esa misma tarde, al llegar a casa, tengo una carta suya en el buzón. Está embarazada y el niño nacerá en verano.
Sin embargo contigo no. Tú, a quien tengo en mi cabeza todos los días y de quien hablo a todas horas, eres incapaz de aparecer en cualquier esquina, así, casualmente... Repito tu nombre en voz baja cuando entro al portal que compartimos, rodeo el parque porque sé que es allí por donde siempre pasas. Pero por más que te busco con cierta indiferencia, (vaya a ser que me estés observando sin darme yo cuenta), hace ya dos meses que no te veo.
Y vives a tan sólo 20 metros de mi.



