Amor secreto
La primera vez que se amaron fue en unas escaleras. Sabían que sería un amor secreto y no pensaron en las consecuencias. Al principio fue divertido. Tampoco importaba el tiempo, porque aun les quedaba el suficiente como para no reparar en ello. Sus encuentros eran fortuitos, en medio de las fiestas que ella daba en casa, siempre encontraban un hueco para escaparse del bullicio y estar unos minutos a solas. A veces demasiado largos para los demás, pues empezo a haber quien sospechara de aquellas huidas conjuntas. Pero después aparecían por separado: ella regresaba de la cocina con una botella de vino, y él lo hacía más tarde de la calle, con una bolsa de hielo.
Prometieron no enamorarse. Demasiado tarde para ella. Y entonces ya sí que importaba el tiempo. En pocos meses, él marcharía y ella también. Decidió vivirlo al máximo. Le dio todo lo que ella nunca había dado. Pero amores secretos son amores dolorosos. Cuando estaban con los amigos, se lo decían todo con la mirada. Cuando ellos marchaban, fingían despedirse para correr después a buscarse y perderse entre besos y amanecer juntos.
Ahora era cuestión de días. Sólo unos días y todo habría acabado. Tumbados en la cama, él recorrió con su dedo la lágrima que caía lentamente por la cara de ella. Sólo se miraban y lo entendían todo. No hacía falta hablar. Entonces él le regaló la luna de plata y ella prometió guardarla toda la vida.
El día que él se marchó hacía sol. El andén estaba repleto de gente que iba y venía. Estaban todos juntos y seguían fingiendo que sería una despedida de amigos. Hasta que él la cogió de la mano y le dibujó una T seguida de una Q. Era la primera vez en todo aquel tiempo. Empezó a despedirse de los demás mientras ella reprimía todo lo que llevaba dentro. Cuando la abrazó ella se deshizo en lágrimas. No recuerda haber llorado jamás tanto. Se iba, y con él se iba todo. Sus atardeceres en el parque, sus noches entre velas, sus abrazos y el silencioso hablar de sus miradas. Antes de subir al tren, la besó en la boca. Ante todos sus amigos, quienes en seguida entendieron lo que había estado pasando. Pero nadie le dijo nada cuando ella abandonó la estación entre lágrimas y siguió llorando hasta la noche, y al día siguiente.
Lloró tanto que se le secaron los ojos. Prometió no volver a amar con esa intensidad, pues amar duele. Desde entonces ya no llora.
Desde entonces ya no ha vuelto a amar a nadie del mismo modo.

