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Ojo! Hacienda se engorda...

viernes, 09 de junio del 2006 a las 18:09
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Que alguien me lo explique...

Tengo 25 años. El año pasado trabajé en dos sitios  a la vez, bueno, me explotaron en dos sitios a la vez, todo ello para poder pagarme la universidad.

Ahora llega hacienda y este mes casi me dejan al descubierto. No sé si podré irme de vacaciones y a duras penas puedo pagarme el seguro del coche.

Mi vecino de 40 y tantos, el que tiene un mercedes, dos casas en las afueras, y es director de un banco, hablaba el otro día con una conocida. Hacienda le va a devolver una buena suma este año, y con el dinero se va a hacer un crucerito con su mujer este verano.

Es Indignante...

El caso es que a la mayoría de mis amigos les ha pasado lo mismo. Parece ser que hacienda se engorda y engorda a base del sueldo de los más jóvenes y de los más pobres. ¿Hasta cuándo va a seguir esto así? Apenas podemos acceder a una vivienda digna, encontrar un trabajo de lo que hemos estudiado es casi imposible, trabajamos en diversos sitios a la vez y para acabarlo de adornar, cada año hay que pagar a Hacienda.

De aquí a nada los jóvenes tendremos que pagar por respirar oxígeno y por el que respiran los más ricos.

 

21 gramos

viernes, 26 de mayo del 2006 a las 01:17
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Últimamente me obsesiona la muerte. Me da pánico saber que debo enfentarme a ella. Pero no piensen que me da miedo mi propia muerte, no, siempre y cuando no haya sufrimiento, espero... me da miedo la de las personas de mi alrededor, aquellas a quienes quiero. Las cercanas. Afrontarlo es lo más duro que se me pasa por la cabeza. Sin embargo, por ley de vida, algún día mi madre se irá, y antes se irán mis abuelos.  

Intento pensar qué hay detrás de la muerte. Debe haber algo no...? sino, qué hacemos aquí luchando día a día? y si hay algo, qué? qué nos depara ahí?

Sólo espero que ahí, haya lo que haya, nos encontremos todos en una dimensión en la que no exista el dolor ni la injusticia. Si supiéramos qué hay después, quizá la muerte no nos daría miedo. O sí, quién sabe...

Estancada

miércoles, 10 de mayo del 2006 a las 21:11
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De repente, llega la asfixia: me pides que te acompañe a una boda.

Ya van tres a las que no voy. Lo sé, no te ha sentado bien. Tampoco te sentó bien cuando me preguntaste si tú eras el amor de mi vida y te contesté que eso no existe.

Ni cuando te dije que no quiero una hipoteca en estos momentos de mi vida.

Tampoco te hizo gracia cuando te dije que los niños, si no son míos, me encantan.

Sé que el problema es mío pero te empeñas en seguir ahí. Por eso te quiero, porque siendo tan complicada como soy, sigues queriendo estar a mi lado.

Supongo que algún día, seré normal... 

Conversaciones en un bar

miércoles, 03 de mayo del 2006 a las 23:53
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-Se puede querer a dos personas a la vez?

-Hombre, pues claro, yo quiero a muchísssimas personas!

- No, hombre, no, digo si se puede querer a tu pareja, y además, sentir algo por alguien que no es tu pareja...

- Es decir, te gusta alguien que no es tu novio.

- Tú crees que se puede o no?

- bueno, no sé... creo que si de verdad esuvieras bien con tu pareja, no te fijarías en nadie más.

- Eso es mentira. ¿Acaso cuando te enamoras te quedas ciego, o dejas de oir, o ya no tienes tacto?

- ....?

- Entonces ¿ por qué mi corazón ha de dejar de latir o sentir?

- como siempre, ya me estás liando...

Veranos dorados

miércoles, 26 de abril del 2006 a las 00:41
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Hace unos años, cuando era niña y llegaba el verano, lo pasaba en la casa de mis abuelos, en un pequeño pueblo del interior de Valencia. Por aquel entonces, los veranos eran amarillos. Los recuerdo así, de un color dorado. Se me hacían eternos y todo lo que recuerdo era bonito.

Largos paseos al sol con mis abuelos, tardes de verles mimar su huerto, mientras yo y mi hermana hacíamos barquillos con hojas y ramitas y los echábamos al río. Noches en las que mirábamos las estrellas en la terraza, mientras explicaban un cuento diferente cada día, o cosas de su juventud, de una guerra vivida, o de la pobreza que les tocó vivir.

Con ellos aprendí a distinguir un satélite de un avión en el cielo estrellado, a mirar la vía láctea, según ellos, el camino de santiago, a saber que marte desprendía un cierto tono rojizo, que las estrellas mellizas se escondían tras la montaña a las once, y que en la luna había una señora mayor que comía uvas (eso si sabías fijarte bien). Mi abuelo, como ya dije una vez, me parecía el hombre más fuerte y sabio del mundo. Por las mañanas me preparaba el almuerzo y ponía en fila india, sobre la mesa, un trocito de pan, seguido de uno de queso. Hasta comer era un juego.

Ayer fui a verles a casa. Mi abuelo apenas puede hablar tras la embolia que sufrió hace ya trece años. No puede moverse de la silla de ruedas, pero entiende todo lo que le dices. Cogí su mano, inerte, casi muerta y se la masajeé con cuidado. A la hora de la cena, le lavé las manos, le puse un babero y le ayudé a comer.

Me despedí de él con un nudo en la garganta.

La vida es como un reloj gigante, un reloj cruel que jamás se detiene, ante nada y ante nadie. Por ello creo que vida y muerte van de la mano. La vida pasa muy deprisa, y lo más bonito de ella es poder vivir y recordar sus momentos más dulces y sobre todo, disfrutar de las personas que más quieras, hasta que el reloj decida detenerse.

 

La casa de la Schönhauser Alle

sábado, 22 de abril del 2006 a las 16:52
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La casa era d’abans de la guerra. Tot i que en un principi no em captivava la idea de viure-hi, al final m’hi vaig quedar. Volia estar uns mesos més a Berlín, i el sou no era suficient per llogar una casa més gran i moderna. Encara hi havia restes de metralla a les parets exteriors de l’edifici i les escales de la comunitat amagaven un antic bany que havia estat compartit per tots els veïns en temps anteriors.

 

Potser va ser la cuina el que em va fer enrere en un primer moment. Era la primera vista que es tenia en obrir la porta d’accés al pis. El corredor llarg i estret girava cap a l’esquerra i la cuina quedava al davant. Era la cuina més petita i atapeïda d’objectes que havia vist mai. Casseroles  que s’amuntegaven unes sobre altres, depenent la mida, just a la part de darrere dels fogons. Paelles que habitaven asfixiades dins el forn, plats i gots amuntegats a l’ampit de la finestra i una nevera tan petita com una maleta de mà. I el sostre, que quedava tan lluny del meu cap...

 

El que més em va impressionar van ser les parets escrites. Podia haver semblat una nova moda de decorar-les, però jo sabia que era cosa de la Mareen, per no pintar ni intentar renovar un pis que es queixava d’humitat permanent. La Mareen era pintora i artista bohèmia, però no ho era perquè s’hi dediqués, realment, ho era en cada manera de fer les coses. En cada detall hi havia una empremta  de la seva afecció a l’art. Ella agafava un retolador, escrivia a la paret que tornaria més tard i que havia deixat pa calent per esmorzar, i hi afegia una cara amb un ull tancat i un somriure. A la paret. De vegades, quan esperava que l’aigua bullís per fer una sopa, m’entretenia llegint tot el que s’havia escrit amb l’antiga companya de pis: “hi ha una exposició de fotografia a Prenzlauer Berg, hi vindràs?” I la resposta al costat: “estaré allà sobre les sis, ens veiem!” Sempre acompanyat de carones somrients, de flors o puntets suspensius.

 

Potser eren aquells detalls els que facilitaven la supervivència en aquella casa plena de trastos vells. Recordo que la meva habitació era l’única sala de l’habitatge que volia escapar a aquell desordre constant que habitava la casa. Jo mai havia estat tan ordenada com en aquells temps. Suposo que em vaig rebel·lar contra el desordre exterior que m’espiava per sota la porta tancada, aquell desordre que amb el temps, m’hauria guanyat la batalla i hauria acabat per entrar en l’únic lloc que considerava de la meva propietat.

 
El terra de fusta albergínia, delatava les passes de les persones que entraven a la casa. Estirada al matalàs que tenia al terra i que feia de llit provisional fins que pogués comprar-ne un de veritat, escoltava si la Mareen tenia pressa i marxava, o si entrava amb algú més. Els dies de pluja, el paraigües negre, obert cap avall i penjat del sostre del passadís com si es tractés d’un pernil en venda, feia de mur de contenció de les petites goteres d’aigua que s’escolaven tímidament provinents de la teulada. Estirada al matalàs, jo somreia, assumint la realitat que m’envoltava i pensava que fins i tot el paraigües allà penjat era quelcom original i inusual.

Amor secreto

viernes, 21 de abril del 2006 a las 19:13
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La primera vez que se amaron fue en unas escaleras. Sabían que sería un amor secreto y no pensaron en las consecuencias. Al principio fue divertido. Tampoco importaba el tiempo, porque aun les quedaba el suficiente como para no reparar en ello. Sus encuentros eran fortuitos, en medio de las fiestas que ella daba en casa, siempre encontraban un hueco para escaparse del bullicio y estar unos minutos a solas. A veces demasiado largos para los demás, pues empezo a haber quien sospechara de aquellas huidas conjuntas. Pero después aparecían por separado: ella regresaba de la cocina con una botella de vino, y él lo hacía más tarde de la calle, con una bolsa de hielo.  

Prometieron no enamorarse. Demasiado tarde para ella. Y entonces ya sí que importaba el tiempo. En pocos meses, él marcharía y ella también. Decidió vivirlo al máximo. Le dio todo lo que ella nunca había dado. Pero amores secretos son amores dolorosos. Cuando estaban con los amigos, se lo decían todo con la mirada. Cuando ellos marchaban, fingían despedirse para correr después a buscarse y perderse entre besos y amanecer juntos.

Ahora era cuestión de días. Sólo unos días y todo habría acabado. Tumbados en la cama, él recorrió con su dedo la lágrima que caía lentamente por la cara de ella. Sólo se miraban y lo entendían todo. No hacía falta hablar. Entonces él le regaló la luna de plata y ella prometió guardarla toda la vida.

El día que él se marchó hacía sol. El andén estaba repleto de gente que iba y venía. Estaban todos juntos y seguían fingiendo que sería una despedida de amigos. Hasta que él la cogió de la mano y le dibujó una T seguida de una Q. Era la primera vez en todo aquel tiempo. Empezó a despedirse de los demás mientras ella reprimía todo lo que llevaba dentro. Cuando la abrazó ella se deshizo en lágrimas. No recuerda haber llorado jamás tanto. Se iba, y con él se iba todo. Sus atardeceres en el parque, sus noches entre velas, sus abrazos y el silencioso hablar de sus miradas. Antes de subir al tren, la besó en la boca. Ante todos sus amigos, quienes en seguida entendieron lo que había estado pasando. Pero nadie le dijo nada cuando ella abandonó la estación entre lágrimas y siguió llorando hasta la noche, y al día siguiente. 

Lloró tanto que se le secaron los ojos. Prometió no volver a amar con esa intensidad, pues amar duele. Desde entonces ya no llora.

Desde entonces ya no ha vuelto a amar a nadie del mismo modo.

La hipoteca

jueves, 06 de abril del 2006 a las 19:58
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Hoy recibí un mail. Por una sentada popular el 14 de mayo para protestar contra las viviendas tan caras que hay en el país. Bueno, en algunas icudades como Madrid y Barcelona, están por los cielos. Tanto, que comprar un piso significa hipotecar hasta a tus hijos después de tu muerte.

 Vi asombrada y con orgullo cómo los jóvenes franceses protestaban contra un contrato laboral pésimo. No sólo ellos, el resto de la sociedad se declaraba en huelga, para apoyar el futuro de sus hijos y jóvenes.

Y aquí no hacemos gran cosa. Nos limitamos a encogernos de hombros y aceptar lo que viene. Vamos al banco, pedimos la hipoteca, (a muchos no se la dan por su bajo sueldo) y acogemos la hipoteca como a uno más en la familia.

Una vez más, pensé en borrar este mail  como hago con todos los forward que me llegan. Sin embargo, tras leerlo con calma, pensé que por una vez estaría muy bien el poder conseguir que todos los jóvenes de España nos uniéramos y  protestáramos por nuestros derechos:

- no sólo una vivienda accesible sino también contratos laborales más decentes y un sueldo más digno para todos los jóvenes que cada día trabajamos tantas y tantas horas sin ser reconocidos.

Es difícil cambiar esta mentalidad tan apagada y la poca solidaridad que hay entre todos, pero si el 14 de mayo protestamos, estaría muy bien que lo hiciéramos todos.

No me imagino al transporte público apoyándonos, ni a las escuelas, ni a los comerciantes... sin embargo, si supieran que la nueva generación es el futuro, quizá entenderían que cuando envejezcan y quieran vivir en una residencia, por poner un ejemplo, quizá no hay ningún profesional que les pueda atender, ya que estaremos todos trabajando en un pizza hut por la mañana, en un call center por la tarde y en un bar por la noche para pagar la hipoteca.

 

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Cada día, un sueño

Pedacitos de mi vida y todo aquello que nunca te conté, escrito desde la atenta mirada de un gato de ojos verdes.

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